Abdón Cifuentes: político católico (1836-1928)

Abdón Cifuentes: político católico (1836-1928)

Abdón Cifuentes: político católico (1836-1928)

Abdón Cifuentes Espinosa nació el 16 de mayo de 1836 en San Felipe. Hijo de José María Cifuentes Olivares —quien casó tres veces, llegando a tener 30 hijos— y de Paula Espinosa Pinto, quien murió mientras Abdón estudiaba en el Instituto Nacional en Santiago. Cursó la carrera de Derecho y llevó a cabo su práctica bajo la tutela de Antonio Varas, a pesar de sus fuertes discrepancias políticas, demostrando sus buenas aptitudes en materias jurídicas.

Durante toda su vida política militó en el Partido Conservador, desde el que participó del acontecer nacional como diputado, senador y ministro de Estado, además de desempeñarse como profesor en el antedicho Instituto, el Colegio de San Luis, y en la Universidad Católica hasta 1918, cuando se retiró de la vida pública tras la muerte de su esposa, Luz Gómez Ortiz, con quien tuvo trece hijos. Murió el 14 de abril de 1928 a los 92 años.

A 96 años de su deceso, Abdón Cifuentes, pareciera estar en un segundo plano de la historia del Chile del siglo XIX. Este relativo olvido tal vez tiene algo que ver con su pertenencia al Partido Conservador, el cual pareciera representar —en la antítesis conservadurismo-liberalismo— una doctrina anquilosada, reaccionaria y supersticiosa, resabio de una edad oscura e inquisitorial. Sin embargo, el caso del Partido Conservador chileno, y de Abdón Cifuentes en particular, nos muestra un panorama bien diferente, en el que se hace gala de arraigados valores republicanos y democráticos.

Abdón Cifuentes perteneció a una generación de chilenos nacidos después de la Independencia. Las discusiones con las que lidió, ya no se ordenaban bajo el clivaje de si obedecer o no al rey, sino a cómo consolidar la república. Es en ese contexto que Cifuentes y algunos de sus coetáneos se presentan como conservadores. Gonzalo Vial resume los objetivos originarios del Partido Conservador, los cuales eran:

poner término al derecho de Patronato y por consiguiente, recuperar para la Iglesia su independencia [y] mantener la influencia de la Iglesia Católica sobre la sociedad, las leyes y sobre el Estado; y al mismo tiempo la unión de la Iglesia con el Estado. [1] 

Con el tiempo, dichos objetivos se volvieron imposibles de cumplir al promulgarse la Constitución laicista de 1925. Así las cosas, el Partido Conservador sólo pudo seguir defendiendo “la moral cristiana, específicamente la moral de la Iglesia en materia de matrimonio y familia”. En todo lo demás, el Partido “era liberal, absolutamente liberal, mucho más liberal que los liberales”[2]. Mientras tanto, de Abdón Cifuentes se ha dicho también que era liberal, como su partido: “el más liberal de los conservadores” [3]. ¿Pero en qué? Para Gonzalo Larios, Cifuentes era “en el ámbito político (…) conservador y republicano, católico en el ámbito social y liberal en el económico”[4], aunque para Vial era más bien socialcristiano en economía.

Ahora bien, si liberal o no en lo económico, no importa demasiado a la hora de situar a Abdón Cifuentes en un horizonte político. Por la época, tanto conservadores como liberales tenían nociones económicas similares. Su disputa era más bien ideológica y teórica, en cuestiones tales como el rol de la Iglesia en la sociedad y los alcances del poder estatal. En esa pugna, Abdón Cifuentes, tanto en las Cámaras como en reuniones de las sociedades pías, enrostró a los liberales sus contradictorios esfuerzos por la exclusión de la mujer del sistema electoral, el monopolio de la educación por parte del Estado y las restricciones a la libertad de asociación en la sociedad civil. De aquí que —siguiendo con Vial— Cifuentes no tuviera “nada de reaccionario”, siendo partidario de la libertad de culto, la libertad de enseñanza y “admirador de Estados Unidos y del catolicismo norteamericano” [5]. Para Rafael Gumucio, reciente editor de una recensión de sus Memorias, Cifuentes representa “un conservadurismo sin falla, aliado, de manera paradójica y leal, a la libertad y al sistema democrático”[6].

Con todo lo antedicho, detengámonos sobre tres puntos de suma importancia para la justa valoración de este conservador decimonónico: el voto femenino, la libertad de enseñanza y el asociacionismo.

Corría el año 1865 y faltaban 84 años para que las mujeres votaran por primera vez en una elección presidencial en Chile… ante la audiencia de la Sociedad de San Luis, tomaba la palabra Abdón Cifuentes dispuesto a comprender a cabalidad quiénes eran esos “chilenos” que el octavo artículo de la Constitución declaraba poseedores de derecho a sufragio: “La palabra chilenos ¿comprende los dos sexos? (…) Para nosotros, pues, la palabra empleada por la Constitución comprende al hombre y a la mujer; dentro de esa palabra cabe el derecho electoral de la mujer”[7].

Su razonamiento era tan sencillo como ser consecuente con el lenguaje, además de considerar que excluir a las mujeres del sufragio, era excluir a la mitad de la población del derecho a elegir su destino político. En su lógica, asegurar tal derecho era “cuestión importantísima de justicia, cuestión capital de democracia, cuestión de civilización” y envolvía “la más elevada perfección social”[8].

Si bien reivindicaba un derecho para las mujeres, Cifuentes estaba lejos de un “feminismo” en el sentido contemporáneo del término. Para él, sí existía un orden natural que vinculaba a la mujer más al hogar y a la familia, además de considerarla como más débil que el hombre. Pero, era justamente en virtud de esa debilidad, combinada al cuidado que la mujer procura a su familia y demás semejantes, que la sociedad debía protegerla especialmente. De manera que llegó incluso a declarar que, de poder desheredar de los derechos políticos a alguien, “no sería ciertamente el débil que puede impunemente ser oprimido, sino el fuerte que puede ser impunemente opresor; no debería ser por cierto la mujer, sino el hombre”[9].

Abdón Cifuentes continuaba su exposición refiriéndose nada menos que a la doctrina cristiana y sus fundamentos bíblicos. “Reconocemos el precepto cristiano de la autoridad doméstica del varón sobre la mujer; pero es en nuestra misma calidad de cristianos (…) en el que pedimos que se eleve a la altura del hombre”[10]. Mostrando su realismo político y republicanismo, con claros límites entre Dios y el César, se preguntaba, a propósito de la culpa original que entró por la mujer: “¿qué tiene que ver todo esto con los derechos que tiene el ser humano en la sociedad política en que vive?” [11]. Concluyendo con una máxima evidente e innegable: “sólo a la mujer le cupo la dignidad de ser madre de Dios”[12]. Con todo, las chilenas recién pudieron votar en las elecciones municipales de 1935 y en las presidenciales de 1949.

Otro de los empeños de Abdón Cifuentes fue el de la libertad de enseñanza, en tiempos en que el monopolio de los exámenes escolares finales residía en el Instituto Nacional. La pugna entre la educación privada y el monopolio de los exámenes asumido por la educación pública entrañaba graves abusos. Cifuentes, que había trabajado en el Instituto, conocía perfectamente el negocio que algunos profesores examinadores crearon aprovechándose de los alumnos de colegios privados, a quienes después de haberlos reprobado, les ofrecían clases particulares para evaluarlos nuevamente. De aquel deshonesto negocio, Abdón Cifuentes se atrevió a denunciar al mismísimo rector del Instituto, Diego Barros Arana, como el “principal usufructuario del monopolio de exámenes”. A tal punto, que lo consideró el responsable de que el Instituto se convirtiera en “un campamento de resistencia contra el Ministro de Instrucción y procuró comprometer a los niños en el camino de la difamación y de la desobediencia a la autoridad del Gobierno” [13].

Cifuentes, por entonces ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, preocupado por el perjuicio que sufrirían “los colegios particulares, que auxilian gratuita y poderosamente al Estado en la inmensa obra de educar a la juventud”[14], proponía a los demás ministros y al presidente de la época, Federico Errázuriz Zañartu, que los colegios estatales que “quedasen eximidos de recibir los exámenes de los colegios libres, y que dichos exámenes de unos y otros colegios se rindieran en sus respectivos establecimientos, es decir, fuesen condición del régimen interno de casa colegio”. Sin embargo, cuenta Abdón que sus colegas de gabinete “a pesar de ser liberales, se sorprendieron de esa pequeña libertad que yo pretendía para la enseñanza particular” [15].

Otra de los ámbitos en que se desplegó el genio de Abdón Cifuentes fue en la defensa del asociacionismo. Ante un Estado pretendidamente liberal, mas peligrosamente omnímodo, Cifuentes veía la iniciativa privada de individuos y/o asociaciones de éstos como la mejor forma de, por una parte, apoyar al Estado en su crecimiento, y por otra, que la sociedad civil mantuviera su libertad pudiendo en ella desplegar sus propios proyectos. De lo que se trataba era de ejercer la libertad tanto en formas de vida, como en creencias, captando así “la fuerza de la sociedad para evitar el despotismo, favoreciendo una libertad, participativa y responsable”[16]. Esto se puede ver en la antedicha lucha por la libertad de enseñanza, incluyendo también el asociacionismo en torno a la fe, la beneficencia pública y la promoción obrera. Todas las anteriores tareas en las que Cifuentes también se hizo presente en instancias tales como el Círculo Católico de la Juventud Ilustrada, la Sociedad de Amigos del País, las Conferencias de San Vicente de Paul y el Círculo Católico de Obreros.

De todo lo anterior, podemos concluir destacando que, tras todas las categorías político-económicas en que pudiera caer su figura, Abdón Cifuentes fue un hombre de Iglesia, y fueron sus convicciones católicas el origen y la directriz de su acción política. Esto lo acabamos de ver en sus argumentaciones; aunque en la práctica pudieran parecer más liberales que las de los liberales, en realidad respondían a otros motivos de fondo. Estos motivos estribaban en una marcada posición iusnaturalista y confesional, al contrario de sus contendores políticos para quienes sólo la razón del hombre como soberano del mundo, y no como criatura, bastaba para hacer y deshacer. Para Cifuentes, “el derecho positivo no es más que la expresión de la ley natural, que es su inspiración y su fuente”[17].

Hoy, a 96 años de su natalicio, Abdón Cifuentes Espinosa sigue siendo una figura por descubrir y valorar. En sus discursos, su acción política y social, pletórica de evangélica savia pueden hallarse claves para las discusiones del presente que, como las de antaño, remiten a la pugna fundamental entre un materialismo absoluto y la justa comprensión del hombre como ser personal, libre, y llamado a vivir en sociedad. Obrando todo lo bien que pueda según esas mismas aptitudes espirituales. Pasen los años que pasen, hágase el liberalismo cada vez más liberal, “la modernidad chilena también tiene en ese conservadurismo democrático un padre por reivindicar”[18].

Pablo Sepúlveda López
Editor Tanto Monta

Referencias

[1] Vial Correa, Gonzalo. “El conservantismo en Chile”, en Chile en el tiempo: sociedad, política y crisis, Castro, José Manuel (ed.). Editorial Tanto Monta, Santiago, 2022. pp. 394

[2] Ibid. pp. 394-5.

[3]  Ibid., p. 400.

[4] Larios, Gonzalo. “Abdón Cifuentes, político y emprendedor católico”, en Historia, arte y cristianismo. Editorial Arcus, Santiago, 2018. p. 168.

[5] Vial Correa, op. cit., p. 400.

[6] Cifuentes, Abdón. Páginas de memoria. Gumucio, Rafael (ed.). Editorial Fe de Ratas, Santiago, 2023. p. 12.

[7] Cifuentes, Abdón. Discurso acerca del derecho electoral de la mujer, leído en la Sociedad de San Luis, el 16 de agosto de 1865.

[8] Idem.

[9] Idem.

[10] Idem.

[11] Idem.

[12] Idem.

[13] Cifuentes, Abdón. Memorias, T. II. Editorial Nascimento, Santiago, 1936. p. 53.

[14] Cifuentes, Abdón. Páginas de memoria. p.1

[15] Ibid., p.184.

[16] Larios, Gonzalo. Op. cit., p, 170.

[17] Cifuentes, Abdón. Discurso sobre el evangelio republicano y el evangelio de Cristo, leído ante la Cámara de Diputados el 30 de noviembre de 1868.

[18] Cifuentes, Abdón. Páginas de memoria. p. 15.